La Mafia de la Semillas en el Estado Español

UPA y COAG denuncian amenazas a agricultores por reutilizar semillas


El sindicato acusa a una empresa de reclamar el cobro de un canon 

M. J. F. La Alianza UPA-COAG denuncia las continuas amenazas que están recibiendo agricultores en los últimos meses, de forma reiterada, por parte de Geslive para que los agricultores paguen un canon por reutilizar su propia semilla de cereal para sembrar.

En el último mes esta asociación ha vuelto a la carga y los agricultores de Castilla y León han recibido serias amenazas en nombre de Geslive requiriéndoles un pago por el reempleo de grano para siembra, y recordándoles que en caso de no hacerlo serán embargados todos sus bienes.

Cabe recordar que Geslive es una asociación formada por obtenedores de semillas dedicada a representar y gestionar mediante la recaudación de tasas a agricultores que utilicen su propio cereal para sembrar, amparándose en los derechos de propiedad industrial sobre las variedades protegidas.

La alianza UPA-COAG califica como «indecente» las amenazas e intimidación de esta asociación que propone este nuevo atropello contra los intereses de los agricultores por reutilizar la semilla de su propia cosecha.

Por este motivo instamos una vez más a las administraciones competentes que actúen ante esta imposición perpetrada de forma conjunta, perfectamente diseñada, y lo que es peor, consentida, para agrandar las cuentas de dicha asociación.

LEY DE MEDICINA NATURAL EN NICARAGUA

El Gobierno Nicaragüense ha aprobado la Ley 774 de Medicina Natural. Gracias a ello Nicaragua se convierte en el primer país que viene a reconocer las terapias complementarias para la salud equiparando su efectividad y usos a los de la medicina alopática.
Dicha Ley define y engloba la Medicina Natural, la Ayurveda, la Naturo-Ortopática, la Holística, la Integrativa y la Nueva Medicina Germánica. Definiendo y reconociendo 29 terapias:

La Acupuntura                  La Aromaterapia                       La Ayunoterapia                 
La Barroterapia                 La Bioenergética                       Las Constelaciones Familiares   
La Cromoterapia               La Curación Energética             La Digitopuntura               
El Drenaje Linfático                    La Electroacupuntura                La Gemoterapia              
La Helioterapia                 La Hidroterapia                          La Hipnosis                         
La  Homeopatía                La Homotoxicología                   Los Masajes   
La Moxibustión                 La Ozonoterapia                       La Psicoterapia Pránica    
La Quiropraxia                  El Reiki                                    La Reflexología     
La Sauna                         La Sanación Pránica                 La Talasoterapia
La Terapia Floral                La Terapia Neural


Todos estos conocimientos terapéuticos junto con las prácticas de los sistemas de salud tradicional ancestral de los pueblos indígenas y afro descendientes han sido puestos a disposición de los usuarios de forma gratuita insertándolos en el sistema nacional de salud público. Esta decisión sin precedentes y revolucionaria integra la medicina natural con la medicina convencional para que convivan a partir de ahora en igualdad de condiciones.

Cuando se premia a los que generan hambre

Esther Vivas
Vivimos en un mundo al revés, en el que se premia a las multinacionales de la agricultura transgénica, mientras acaban con la agricultura y la agrodiversidad. El Premio Mundial de Alimentación 2013, lo que algunos llaman el Nobel de Agricultura, ha sido concedido este año a dos representantes de la industria transgénica: Robert Fraley de Monsanto y Mary-Dell Chilton de Syngenta. El tercer galardonado ha sido Marc Van Montagu de la Universidad de Gante (Bélgica). Todos ellos distinguidos por sus investigaciones a favor de una agricultura biotecnológica.
Y me pregunto: ¿Cómo puede ser que se conceda un galardón que, teóricamente, reconoce “las personas que han hecho avanzar (…) la calidad, la cantidad y el acceso a los alimentos” a quienes promueven un modelo agrícola que genera hambre, pobreza y desigualdad. Los mismos argumentos, imagino, que llevan a conceder el Nobel de la Paz a quienes fomentan la guerra. Como dice el escritor Eduardo Galeano, en su libro ‘Patas arriba’ (1998), “se premia al revés: se desprecia la honestidad, se castiga el trabajo, se recompensa la falta de escrúpulos y se alimenta el canibalismo”.
Nos quieren hacer creer que las políticas que nos han conducido a la presente situación de crisis alimentaria serán las soluciones, pero eso es mentira. La realidad tozuda nos demuestra, a pesar de los discursos oficiales, que el actual modelo de agricultura y alimentación es incapaz de dar de comer a la gente, cuidar de nuestras tierras y de aquellos que trabajan el campo. Hoy, a pesar de que, según datos del instituto GRAIN, la producción de alimentos se ha multiplicado por tres desde los años 60, mientras que la población mundial desde entonces tan solo se ha duplicado, 870 millones de personas en el mundo pasan hambre. Hambre, pues, en un planeta de la abundancia de la comida.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO, reconoce que en los últimos cien años han desaparecido el 75% de las variedades agrícolas. Nuestra seguridad alimentaria no está garantizada, al depender de un abanico cada vez más reducido de especies animales y vegetales. En definitiva, se promueven aquellas variedades que más se adecuan a los estándares de la agroindustria (que pueden viajar miles de kilómetros antes de llegar a nuestro plato, que tengan un buen aspecto en las estanterías del supermercado, etc.). Dejando de lado otros criterios como la calidad y la diversidad de lo que comemos.
Se nos dice que para acabar con el hambre en el mundo hay que producir más alimentos y, en consecuencia, que es necesaria una agricultura transgénica. Pero hoy de comida no falta sino sobra. No tenemos un problema de producción, sino de acceso. Y la agricultura transgénica no democratiza el sistema alimentario; al contrario, privatiza las semillas, promueve la dependencia campesina, contamina la agricultura convencional y ecológica e impone sus intereses particulares al principio de precaución que debería de prevalecer.
Marie Monique Robin, autora del libro y el documental ‘El mundo según Monsanto’ (2008), lo deja claro: estas empresas quieren “controlar la cadena alimentaria” y “los transgénicos son un medio para conseguir este objetivo”. Premios como los concedidos a Monsanto y Syngenta son una farsa, ante la que sólo hay una respuesta posible: la denuncia. Y señalar que otra agricultura sólo será posible al margen de los intereses de estas multinacionales.

Una agricultura sin campesinos

Artículo de Esther Vivas.
La Unión Europea parece estar empeñada en acabar con el pequeño campesinado. Así se desprende de la reforma de la Política Agrícola Común (PAC) aprobada anteayer en Bruselas. Unas medidas que benefician, una vez más, a los grandes terratenientes y a la agroindustria, en detrimento de aquellos que trabajan y cuidan la tierra.
Un solo dato: a pesar de que en el Estado español sólo 350 mil personas están dadas de alta como trabajadores en el campo, 910 mil reciben ayudas. ¿Quiénes son, pues, esos 560 mil perceptores de subvenciones que no son campesinos pero sí reciben dicho dinero? El informe Una Política Agraria Común para el 1%, de Veterinarios Sin Fronteras, lo deja claro. Se trata de empresas de la agroindustria, grandes viticultoras, supermercados y terratenientes. Sus nombres y apellidos: Pastas Gallo, Nutrexpa, Osborne, Nestlé, Campofrío, Mercadona, la Casa de Alba, por sólo mencionar los mayores beneficiarios.
Eso sí. Con la nueva PAC, ni aeropuertos ni ferrocarriles ni campos de golf recibirán más ayudas agrarias. Imagino que el robo, o desvío de fondos, resultaba demasiado escandaloso. Otros amigos de Arias Cañete, en cambio, seguirán recibiendo cuantiosas subvenciones. A destacar, su esposa, Micaela Domecq, terrateniente andaluza y propietaria de Bodegas Domecq. Ya se sabe, quien parte reparte.
Como afirma el sindicato agrario COAG, en su valoración y análisis de la reforma de PAC, “se corre el riesgo de desmantelamiento de un sector, el agrario, estratégico para nuestra economía”. Algo que no es nuevo, pero que con las actuales medidas no hace sino agudizarse. Hoy, menos del 5% de la población activa en el Estado español trabaja en la agricultura, y una parte muy significativa son personas mayores. Algo que, según los estándares actuales, es símbolo de progreso y modernidad. Tal vez, tendríamos que empezar a preguntarnos con que parámetros se definen ambos conceptos.
La agricultura campesina es una práctica en extinción. Anualmente, miles de fincas cierran sus puertas. Sobrevivir en el campo y trabajar la tierra no es tarea fácil. Y es que quiénes más salen perdiendo en el actual modelo de producción, distribución y consumo de alimentos son, precisamente, aquellos que producen la comida. La renta agraria se situaba en 2007, según la COAG, en un 65% de la renta general. Su empobrecimiento es claro. Avanzamos hacia una agricultura sin campesinos.
Y, si estos desaparecen, ¿en manos de quién queda nuestra alimentación? Creo que la respuesta es clara: en manos de un puñado de empresas de la agroindustria y la distribución que controlan cada uno de los eslabones de la cadena alimentaria, desde las semillas hasta el producto final. Cargill, Monsanto, Syngenta, Dupont, Procter & Gamble, Nestlé, Kraft, Mercadona, Eroski, Carrefour, Alcampo, El Corte Inglés… son quienes, finalmente, nos dan de comer. Y, así nos va.