Esther Vivas
El proceso de articulación de redes y movimientos sociales ha tomado toda su forma en la penúltima jornada del Foro Social Mundial (FSM), este jueves 10 de febrero. Asambleas temáticas de mujeres, campesinos, economía solidaria, contra la guerra, por la justicia climática, etc. han tenido lugar, así como la celebración de una masiva Asamblea de Movimientos Sociales, donde han convergido los sectores más activistas del FSM.
La Asamblea de Movimientos Sociales, promovida por La Vía Campesina, el CADTM, la Marcha Mundial de Mujeres, entre otros, ha aprobado, en una multitudinaria asamblea con unos tres mil participantes, una declaración en la que insta a la convergencia de las luchas y a la acción en dos fechas centrales de movilización para este año 2011. Por un lado, se aprobado el 20 de marzo como jornada internacional en solidaridad con los procesos revolucionarios en el mundo árabe y, por otro, el 2 de octubre como día de acción global contra el capitalismo.
Organizaciones y personas venidas de todo el planeta se han encontrado en esta asamblea que ha dado voz a los sin voz. No en vano los primeros en intervenir en el encuentro han sido los miembros del grupo de hip hop senegalés Keurgui y el rapero Fou Malade, quienes han abierto la asamblea con las canciones de protesta '¿Qué deuda?' y 'Mantén las manos en alto'. Miembros y represtantes de la revuelta tunecina, de la red por la abolición de la deuda externa, del movimiento campesino, sindicalistas, feministas, entre muchos otros, han tomado la palabra para decir claro y fuerte que es necesario combatir y derribar al sistema capitalista.
La declaración de la Asamblea de Movimientos Sociales ha denunciado la guerra, las políticas de las instituciones internacionales y de las empresas transnacionales, la violencia ejercida contra las mujeres, la deuda externa, el cambio climático, la crisis alimentaria, el imperialismo y ha hecho un llamamiento a la acción. Así de claro lo dejaba el siguiente fragmento de la declaración: “El capitalismo destruye la vida cotidina de los pueblos. Pero, cada día nacen numerosas luchas por la justicia social, para eliminar los estragos del colonialismo y para que todas y todos tengamos una vida digna”.
Asimismo las dos últimas jornadas del Foro Social Mundial se han dedicado a la coordinación de las luchas y las campañas. Un total de 38 asambleas de convergencia se han llevado a cabo en ambos días. Una de las más numerosas ha sido la que con el nombre de 'Mapa de luchas: de COP 17 a Río +20' ha establecido una hoja de ruta de la cumbre del clima COP17 en Durban a finales del 2011 a la cumbre de Río +20 a mediados del 2012, convocando, antes o entre ambas fechas y con el objetivo de movilizar, a una 2a Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, como continuación de la que tuvo lugar en Cochabamba, y a un Foro Social Mundial Temático en Brasil en enero del 2012 sobre estas cuestiones. Como decía uno de los participantes en esta asamblea: “Si Copenhaguen fue una tragedia, Cancún fue una traición; pero tenemos quince meses para movernos de Durban a Río, para salir a la calle y decirles a la cara que sabemos lo que están haciendo”.
* Esther Vivas desde Dakar.
«El decrecimiento es, a la vez, un proyecto ecologista y socialista»
Juanjo BASTERRA | BILBO, Gara 2011 febrero 10
La revolución del siglo XXI
Serge Latouche
Profesor Emérito de Economía de la Universidad de París-Sud
Este economista bretón es uno de los mayores precursores de la filosofía del decrecimiento y pasó por Bilbo para explicar lo que a su juicio será «la revolución del siglo XXI», como señaló a GARA. Para él, producir por producir y consumir por consumir sólo genera «una mala vida, una destrucción del planeta y de las personas». Afirmó, sin ningún género de dudas, que esta respuesta para mejorar la calidad de vida es «un proyecto ecologista y socialista. Se puede hablar de ecosocialismo».
Serge Latouche es bretón y uno de los precursores del decrecimiento. Para él, Euskal Herria y Bretaña «tienen identidad» y, como dijo, entre ambos pueblos existen «uniones históricas y afectivas». Explicó en Bilbo la filosofía del decrecimiento, dentro de las jornadas «Ideando alternativas. Encuentros decre- cimiento y buen vivir», organizadas, entre otros, por Mugarik Gabe, Ekologistak Martxan, Paz con Dignidad, REAS Euskadi y la UPV-EHU.
Entre otras muchas aportaciones que realizó en la entrevista, Latouche dijo considerarse «agnóstico de la religión del crecimiento por el crecimiento» y admitió que todavía queda mucho trabajo por extender esta filosofía, pero reconoció que «hay tiempo, aunque no hay que perderlo, porque la crisis económica actual permanecerá mucho tiempo entre nosotros», precisó el profesor de Economía.
¿Qué es el decrecimiento?
El decrecimiento es un eslogan que nació en 2001 para oponerse a lo que llaman desarrollo sostenible y que agrupaba a los mayores grupos empresariales mundiales en torno a un consejo de desarrollo sostenible que agrupaba a empresas como Total, Monsanto y, entre otras, a Nestlé. Había que utilizar un eslogan provocador para estar fuera de esa religión del crecimiento.
¿Religión?
Para ser riguroso habría que hablar de «acrecimiento», como se habla de ateísmo, con la `a' privativa. Somos agnósticos de la religión del crecimiento, porque es evidente que, desde la aproximación al Club de Roma en 1992, el crecimiento avanza hacia la destrucción del planeta y los ecosistemas que permiten al hombre vivir.
¿El decrecimiento es revolucionario?
Espero que sea la revolución del siglo XXI.
¿Qué medidas directas contempla y desarrolla?
Es un proyecto global y revolucionario, por supuesto. La principal es el cambio radical de mentalidad ideológica de funcionamiento. Este cambio no se puede concretar de un día para otro, ni tampoco las medidas son las mismas en unos países que en otros. No se podría aplicar de la misma manera en Texas o en Chiapas, en África o en el País Vasco. Cada lugar deberá decidir las mismas. El objetivo es que la sociedad se autolimite para conseguir el bienestar de todos. Los franceses, por ejemplo, deberían reducir la huella ecológica por medio de la relocalización de actividades porque los mercados están mundializados y lo hemos convertido en un vasto supermercado. Es extremadamente destructor para el planeta. Todo lo consumimos y hay que darse cuenta que los productos hacen de media entre 5.000 a 6.000 kilómetros con lo que significa de consumo de petróleo y energía. El efecto es negativo y conlleva el aumento del paro, porque se destruyen miles de empleos. Por eso, la recolocación es muy importante, lo mismo que la disminución del sobreconsumo. Por ejemplo, entre el 30% y 40% de lo que compramos en los supermercados de prisa y corriendo va a la basura.
¿Supone un cambio de vida?
Efectivamente. Poner en marcha esta reorganización de nuestras vidas, la producción, el transporte y el consumo nos llevaría a un cambio en la forma de vida. Viviríamos mejor, no en una sociedad tan desigual como la actual en la que mucha gente vive mal, está estresada y se suicida, por ejemplo. El decrecimiento es un proyecto a la vez ecologista y socialista. Se puede hablar de ecosocialismo. Un proyecto que quiere reintroducir más democracia en la política y, a la vez, ser socialmente más igualitario.
Supongo que con la crisis económica actual, esa filosofía del decrecimiento ha tomado auge.
Se ha propagado el decrecimiento, pero al mismo tiempo se ha intensificado el proceso de los gobiernos por mantener el crecimiento por el crecimiento. Se habla poco del decrecimiento en el discurso político, y cuando se habla del mismo es para denunciarlo. Sólo dos de los diputados franceses apuestan por el decrecimiento. Los gobiernos y los ricos nos dicen que para salir de la pobreza tendrían que producir más. Sin embargo, los pobres son pobres porque los ricos consumen sus recursos. Es así.
¿Es obligado, entonces, el reparto de la riqueza?
Por supuesto. Se acusa al decrecimiento diciendo que va a crear desempleo, que vamos a producir menos, y se destruirán empleos. No es así. Es lo contrario. La primera medida a adoptar sería dar trabajo a todo el mundo. Hoy en día hay gente que trabaja demasiado, más de doce horas al día y, sin embargo, un 20% de la población no puede, aunque le gustaría hacerlo. Esta sociedad de consumo genera paro. Es necesario compartir el trabajo. Trabajar menos para trabajar todos, contrariamente a lo que dice Nicolas Sarkozy, presidente de la República francesa.
¿Con sueldos menores?
No. Cuando trabajas más, ganas menos, como se ha verificado en Francia. Lo normal, es conforme a la lógica económica -la más estricta- si se trabaja más, aumenta la oferta y como la demanda siempre es insuficiente, disminuye el precio. Incluso los economistas más tradicionales denunciarían este escándalo. Por lo tanto, defiendo trabajar menos para ganar más; trabajar menos para trabajar todos; y, sobre todo, para vivir mejor. Porque el trabajo no es la parte de la vida donde más se disfruta. Cuando se es cajera en un supermercado no es realmente enriquecedor. Así, si se trabaja menos, habrá más tiempo para poder cultivarse, ocuparse de la vida, de los amigos, pasear, meditar, soñar... incluso rezar, si se es creyente. Se consumirá menos, y se consumirá mejor. En lugar de ir a un supermercado a consumir frenéticamente lo primero que pillas, tendremos el tiempo de hacer una buena elección, comprobar los buenos productos, tomarnos nuestro tiempo si en la etiqueta figura que están registrados los organismos modificados biológicamente, si está producido en China, o si está producido a nivel local.
A su juicio, ¿por qué los gobiernos apoyan siempre a los poderosos?
Precisamente son los banqueros y financieros los que eligen a los gobernantes actualmente. Para ser senador o diputado en Estados Unidos hay que ser millonario; en Francia, también. De esta forma son los poderes financieros y económicos los que eligen a los gobiernos. Incluso cuando un gobierno ha sido elegido democráticamente, como en Grecia, los mercados financieros imponen su política.
Entonces, ¿cree que queda mucho por hacer en este camino del decrecimiento?
Sin duda. Quedan muchas cosas por hacer. Todavía este proceso está germinando, pero, a la vez, reconozco que nos van a ayudar los acontecimientos.
¿A qué se refiere?
Porque nos encontramos en una fase de la crisis que creo que sólo es el principio. Es una crisis que va a ser muy larga y muy fuerte. En mi opinión, sólo habrá dos formas de salir de ella: llevando a la práctica el decrecimiento en una sociedad más respetuosa con el medio ambiente y las personas o, por el contrario, a la barbarie.
«Elevar la edad de la jubilación es justo lo contrario de lo que habría que hacer»
¿Qué opina del aumento de la edad de jubilación, que en el Estado francés llevó a protestas y huelgas, y que en el Estado español ha contado con sindicatos, empresarios y gobiernos, salvo en Hego Euskal Herria donde se produjo una huelga general ?
Es absurdo. Es justamente lo contrario de lo que habría que hacer. Afortunadamente un gobernante, como el presidente de Bolivia, Evo Morales, parece que lo ha comprendido y ha rebajado la edad de jubilación. En el momento en que Francia se alargó la vida laboral, en Bolivia la redujeron a menos de 60 años, sobre 55 años. Esa es la buena vía. Es esencial. Creo que se debería permitir dejar progresivamente el trabajo, sobre todo en algunos más penosos a los 50 años, y de profesor de la Universidad, como es mi caso, se tendría que trabajar como mucho hasta los 65 años. Lo que han hecho los gobiernos en estos dos casos más recientes, el francés y el español, es atender a las recomendaciones del poder económico, como decía antes.
¿La Europa Social, que fue contrapuesta al modelo de Estados Unidos, se está desintegrando?
¿La Europa Social, que fue contrapuesta al modelo de Estados Unidos, se está desintegrando?
No creo que se mantenga la Europa Social por mucho tiempo. Lleva camino de refundar una nueva Europa que no favorecerá a las personas, al medioambiente, a la agricultura, etc. Apuesto por una Europa que cuente precisamente con calidad de vida para todos,pero no la que está en la actualidad que es la Europa del mercado, de la estupidez. La Europa actual es un proyecto destructor, porque todos los países compiten, se ha puesto el carro antes que el caballo. Primero, a mi juicio, habría que construir una Europa política y social, antes que construir una Europa económica.
¿A qué se refiere?
A que se debería consolidar el aspecto social, porque el actual sistema de competencia entre los estados-nación lo que está haciendo es disminuir los derechos sociales, medioambientales y culturales. Se avanza, sí, bajo la ley del mercado, ya no hay regulación, sólo mercado. De esta manera, la economía nos lleva a un estado catastrófico. Está en nuestras manos cambiar esta situación a la que nos han abocado.
ELIKADURA KRISIALDIA. Gustavo Duch, bideo seriea (1go ZATIA)
Gustavo Duch "Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas" aldizkariko koordinatzaileak Elikadura Krisialdi Globalaren gakoak azaltzen dizkigu 5 bideotako serie honetan.
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